Año 1 Número 1
 

Vive y entiende la adolescencia

 

Por: Gabriela Garibay Bagnis

 

La adolescencia es un cambio en el ser humano que puede ser lento o tumultuoso en lo que se refiere a los deseos y aspiraciones, a los estados de ánimo y a la estimativa de los valores. Este cambio produce una nueva concepción del mundo interior y del mundo exterior, un nuevo enfrentamiento con los conceptos éticos, religiosos y sociales y, una nueva valoración de lo pasado y, sobre todo, de lo futuro que colocan al ser en una crisis acuciante, profunda y larga.

A lo anterior le llamamos "existencia adolescencial" y representa un proceso que comienza en un momento más o menos determinado y se dirige a un fin para no retroceder. La adolescencia comienza con la pubertad y se dirige de una manera cada vez más clara hacia una variación en la afectividad, el entendimiento y el quehacer cotidiano. Esta variación conducirá al humano de manera inexorable de su dimensión de niño a su magnitud de hombre y/o mujer joven y ya no cederá de ninguna manera.

La adolescencia es "el modo de existir", a diferencia de la pubertad que se refiere a los cambios corporales. Se es adolescente porque se está en el mundo de otra manera. Ya no se está esperando ver lo que puede surgir del mundo mágico; sino que se está en contra del mundo, negándolo a base de afirmar un mundo a menudo mucho más subjetivo, mucho más imaginario que la irrealidad anterior. Ya no se está dentro de la familia para complementarla realizando un papel en ella. Ya no se está dentro de la escuela para recibir una formación y una información, sino para discutirla y rechazarla. La adolescencia afecta principalmente al "estar siendo" su variación, su problemática se producen "hoy aquí."

Sin embargo, esta variación puede ir en aumento. La adolescencia comienza, continúa, progresa; es decir, es un proceso diferente a la niñez, en la cual a medida que va evolucionando, cada vez es menos niño. Por lo contrario, el adolescente durante unos años cada vez será más adolescente; hasta que llegue a los comienzos de su etapa de superación para ir entrando lentamente en la juventud.

La adolescencia es un estado de vida, es un sentir diferente. No es una tragedia, no es no un problema sin resolver, no es ir en contra de todo por el sólo hecho de ir en contra, es más bien un estado de ánimo diferente que es necesario ubicarlo dentro de un proceso tanto social, como individual.

¿En qué consiste este estado de ánimo? ¿En qué consiste o cuáles son estas variaciones de la "existencia adolescencial"?

Una de las variaciones más importantes se encuentra en "los deseos y aspiraciones." En primer lugar, aparece el deseo de poseer conocimientos concretos y aplicables de una manera inmediata a su realidad. Por otra parte, el adolescente desea ser una persona en el mundo social. Cuando niño, deseó vivamente ocupar un lugar dentro de la familia, que supieran que él existía, no para conseguir algo, sino para participar y colaborar. Esto sufre ahora una variación; él quiere ser una persona en el mundo social, tener un lugar con los amigos, en el club, etc. Aunque siente cierta resistencia por parte de la sociedad, busca un lugar dentro del mundo social, para lograr el conocimiento de su propio yo, su reafirmación personal a través de un lugar en el grupo.

El adolescente, y aún más, la adolescente, en la variación de su deseo se sienten vivamente entusiasmados por el gusto de poseer un buen cuerpo, de ser bello o bella, al mismo tiempo, le gusta atraer al sexo opuesto, necesitan saberse atractivos y atrayentes, compartir sus gustos y deseos con su pareja.

 

Por otro lado, el adolescente, sobre todo el varón, desea intensamente poseer dinero. En parte ya le viene desde que era niño y hurgaba en el monedero de mamá para alcanzar 5 pesos que le permitieran darse gustos deseados o quedar bien con los amigos. Ahora cambiará esos 5 pesos por cincuenta o quinientos pesos; esto le sirve para sentirse más seguro, ante la desazón cree que el dinero le da poder, estatus, posición y sobre todo, amistades.

Durante la adolescencia los gustos o deseos también varían, ya no les gusta la muñeca o el carrito con el que pasaron horas jugando, ahora les estorban e incluso les avergüenza el sólo hecho de pensar que era parte del mundo mágico en el que vivían de niños.

Con respecto al gusto o interés en y por la familia, ya no desean echarse en el regazo de mamá buscando una caricia o un consuelo. Dan quizás alguna vuelta a su alrededor, y la dan con el ánimo de ser vistos y preguntados, pero cuidado, pues si lo logran y mamá se atreve a interrogarlos, sentirán que han sido ofendidos y se marcharán con aire displicente y una intervención impertinente. Hasta que un buen día, si la madre sabe ser paciente, comprensiva indulgente y sobre todo, sabe dialogar con los ojos, volverá no el adolescente, sino el joven, para integrarse de nuevo, a través de ella, en la familia.

Entretanto, ha desaparecido el deseo de ser una persona dentro de la familia, es casi sólo el huésped de una casa donde come, duerme y sobre todo, tiene a la mano lo que desea; un auto, ropa de moda, entre otras comodidades. Sin embargo, aunque pareciera ilógico el adolescente se siente orgullosamente el miembro de una familia -cuando no se está con ella- sobre todo si su nombre tiene un prestigio dentro de la sociedad en la que se intenta penetrar, o por otro lado, crece también el valor de la familia si ésta se encuentra en peligro o riesgo de ser afectada por otros.

Refiriéndonos a las variaciones ilógicas, como decíamos anteriormente, no le gusta estar en su familia; sin embargo se siente orgulloso de ella; aparentemente las relaciones interpersonales familiares son imposibles, pero adentro de sí hay el deseo del respeto. Los deseos pues se tornan cada vez más incongruentes, imposibles, imperiosos, inmediatos y desmedidos. Se desea ser una persona elegante, sin dejar de ser desgarbado, se desea ser atractivo o atractiva para el sexo opuesto, sin dejar de criticarlo y desvalorarlo. Se desea que todo se le dé en la mano, sin querer hacer nada a cambio.

Se desea lo imposible, lo que es inaccesible desde el lugar donde se vive, lo que está en desacuerdo con las posibilidades e imposibilidades personales. Aspira a ser inmediatamente un doctor cuando acaba de ingresar a la universidad, aspira a ser campeón de ciclismo, cuando apenas a dado 3 vueltas en la pista. Estos cambios en los intereses y deseos se acompañan siempre de grandes variaciones en el estado de ánimo, que muchas veces es consecuencia a lo expuesto anteriormente.

Pero aquí, en contraste con estas grandes aspiraciones, viene también el hundimiento de las mismas, ya sea por no ser inmediatas o por estar fuera de sus posibilidades personales y esto conduce a inseguridad de su orientación, a su volubilidad y a la precipitación de sus decisiones.

Al comenzar la adolescencia hace su aparición la nostalgia, que consiste en sentir la ausencia de un estado de ánimo concreto. Es decir; sentir que no sabe cómo está. Es un sentir en el cual no se está alegre ni triste, sin poder decirse a sí mismo qué es lo que sustituye a aquella alegría o aquella tristeza.

Otras veces la nostalgia consiste en sentir un estado de ánimo de tonalidad negativa, triste, deprimida, pero sin saber el porqué. La realidad es que aquella nostalgia surge muchas veces debido a que el propio adolescente se siente raro, ya no es el que era antes, es ahora diferente, ha perdido su seguridad interna, por lo menos en momentos.

Aparece también, junto con la nostalgia, la angustia. Anteriormente se había presentado en forma de miedo o temor ante algún fenómeno externo a su persona. Ahora surge dentro de él mismo y toma fundamentalmente dos aspectos: el de la angustia existencial y el de la angustia sexual.


El de la angustia existencial se refiere al proceso de autoconocimiento personal. ¿Quién soy? ¿A dónde voy? Esto se presenta porque en muchas ocasiones el adolescente busca éstas respuestas y se topa con pared. Nadie le responde y crece por lo tanto la angustia; ha perdido su unidad con el mundo, ya no existe aquella fuerza que la sustentaba, que enfrentaba los acontecimientos por él. Por un lado, no quiere que sus padres o maestros le ayuden; sin embargo, necesita de ellos para encontrar su identidad, su propio yo.

Entremezclándose con esto se encuentra la angustia sexual ¿Cuál es mi sexo? ¿Es como el de los otros? ¿Cómo voy a utilizarlo? ¿Qué es la paternidad o qué es la maternidad? La situación aquí es peor porque si no obtiene respuestas, las buscará entonces entre sus compañeros más indocumentados, entre el ambiente más corrupto que vive de explotar la curiosidad sexual.

El adolescente no sabe nada con certeza y se encuentra en la disyuntiva de dos caminos: el primero, el de encontrarse en una familia o escuela e ignorar estas angustias y dejar que como parte de un proceso mágico lleguen a pasar; o el segundo, el más difícil, es tratar de encontrar respuestas a sus incógnitas entre sus padres y maestros.

Otro de los estados de ánimo dentro de las variaciones se encuentra el sentido de la "comicidad de humo". Algunos autores consideran que el adolescente pierde el sentido del humor, otros opinan que lo que realmente pasa es que éste es muy distinto al de los adultos; además, es demasiado sensible a las opiniones de los demás, los cuales lo pone en guardia por el temor de quedar en ridículo. Esto parecería que lo aleja del mundo de la comicidad, pero no ocurre siempre, y muchas veces, precisamente por satisfacer su deseo de superación, disfruta riéndose de los demás.

El adolescente no alcanza la totalidad del sentido de la comicidad y del humor, porque para ello es preciso aceptar que uno mismo sea el motivo de lo cómico, porque sabe reírse de los demás, pero no consiente que los otros se rían de él y cuando esto ocurre le provoca enojo. Con todo ello aumenta su inseguridad y en lugar de abrirse hacia los otros contagiándose de su situación afectiva, se encierra en sí mismo tornándose huraño.

El humor no tiene una relación directa con el grado de inteligencia, por lo menos dentro de un cierto límite de niveles intelectuales normales; por ejemplo: una persona de nivel intelectual bajo puede tener muy buen sentido del humor, en cambio, dejar de tenerlo una persona con un nivel alto. En donde sí hay una relación directa negativa es con el tipo de personalidad, de tal manera que frecuentemente carezcan de él las personalidades autoritarias, pusilánimes y pedantes.

Dentro del estado de ánimo del adolescente se presenta también la timidez, que es un cierto reflejo de la falta de seguridad en sí mismo, por ese no saber quien es realmente.

En ocasiones encontramos el lado opuesto: la arrogancia; pero ésta a su vez encierra la misma premisa que la timidez. Son pues proyecciones al exterior para cubrir el sentir de algo tan natural como es el proceso de cambio, de reajuste, de búsqueda de la propia identidad.

Otra característica del adolescente es la ola de "presentimientos y preocupaciones". El presentimiento es un sentir anticipado de lo que puede ocurrir. Es un poco para la efectividad, lo que es la intuición a la inteligencia. Pero es importante entender que sólo se puede presentir lo que se refiere a nuestro propio yo, y el adolescente sólo puede presentir realmente lo que se refiere a él mismo, no a los demás. La preocupación, por otro lado, es el sentir ansiedad por algo que ha ocurrido y tiene o tendrá unas determinadas consecuencias, o por algo que aún no ha ocurrido pero que es posible que ocurra. Algunas veces cuando el adolescente nos parece desocupado es porque no se ocupa de las cosas de mañana.

La variación en la estimativa de los valores es uno de los aspectos más importantes de la adolescencia por ser el que aparentemente causa más problemática en sus relaciones con las demás personas fuera de ésta etapa; sean niños, adultos o ancianos. Los valores: no son una cosa, sino algo que está en las cosas; que no pertenece al mundo de lo concreto, sino de lo abstracto; nada que otorguemos a los seres, sino algo que reconocemos en ellos (no es una cosa buena o bella o verdadera porque nos gusta, sino, que nos gusta porque es buena, bella y verdadera). Y lo primero que explica la diferencia entre la etapa de introyección y la de la adolescencia es el no reconocer los valores, sino el otorgarlos. Las cosas son buenas porque el adolescente lo dice.

Aquel entusiasmo, aquella alegría que tuvo el niño de 10 años cuando se dio cuenta de que lo que consideraba como un valor, igualmente lo consideraba como tal su maestro, su padre, el muchacho francés o el australiano, y que lo hacía estar de acuerdo con un pensar, un sentir y un querer universales, se derrumba ahora. Los valores ya no son universales, sino propios, particulares, y no son de su ciudad o de su grupo de amigos, sino de sí mismo, se localizan estrechamente, se temporalizan por un breve instante, para cambiar prontamente de lugar y durar otro lapso.

Para el adolescente existirá también su propia escala o jerarquía de valores, les dará un lugar de supremacía a los estéticos y dejará en el fondo los morales, espirituales y vitales. Pero a medida que emerja de su ensimismamiento, para acercarse a la etapa de superación, invertirá nuevamente su escala y volverá a puntear al valor moral y religioso.

Hasta aquí, se ha hablando de algunas variaciones, sin que esto signifique que se ha agotado el tema. Sin embargo, hay que hacer notar que el hecho de producirse estas variaciones no significa un retroceso, un estar mal, un aislamiento total como si se tratara de una persona de otro mundo. Son variaciones que implican un gran esfuerzo y desgaste, no sólo del adolescente, sino de las personas que lo rodean y que va a provocar el inicio del fin del proceso adolescencial; esto es, la etapa de superación, que si bien por meses o años se apartó de todo lo suyo, buscará ahora volver a acomodar su yo no dentro de su mundo, sino del nuestro.

Pero este pasar de la etapa autista a la de superación no puede hacerse dando un salto, requiere un periodo de transición durante el cual el adolescente nos sorprenderá alguna vez con una nueva agresión contra el estilo de la familia, con otra huida rebelde de sus estudios o de su trabajo.

Comienza en fin, una nueva exigencia, la auto-exigencia, vivir es integrar la esencia de la persona en su existencia, enfrentarse con cada uno de los problemas del mundo y, según la manera de ser personal, planteárselos como si fueran propios, buscando una solución que sea apta para todos.

Vivir es integrar el universo en el propio ser y no ser uno sólo con sí mismo, sino ser uno mismo con los demás. Vivir es proyectar la propia sombra sobre el contorno que nos rodea y ponernos a tono con lo que requiere la convivencia con los demás.

En lo más profundo de nuestra intimidad sentimos que somos un ser que necesita de otro ser. No para comunicarnos lo que se siente nuestra intimidad, que cuando más recóndita es, más necesita de alguien que pueda devolvérnosla, comunicándonos la suya, en la que encontramos un eco de nuestra propia voz interior.

De este eco, de esta intercomunicación, surge el amor entre el hombre y la mujer, del que nace la familia y de la que procede la comunicación.

Cuando hablamos de la variación en la escala de valores nos referíamos de alguna forma también a la etapa en la que el adolescente duda de la existencia de Dios y busca un Dios personal, hecho a su medida, que cumpla con sus exigencias y acepte sus valores.

Pero la vida, prosiguiendo su camino, crea nuevas inquietudes y nuevas necesidades y procura nuevos conocimientos, que están exigiendo a gritos una causa del mundo y entonces, desde lo más hondo de su ser se vierte en la búsqueda de algo que sea infinito. Así, desde el fondo de su crisis reaparece Dios y espera de Él una contestación a todas sus preguntas. Lo provoca, lo pone a prueba, discute con Él, lucha con Él, pero ya no está en contra de Él. Dios vuelve a ser para el adolescente aquéllo que Es, o sea, lo "Absoluto".

Qué importante es todo esto, que difícil y al mismo tiempo bello, ya que es la etapa de crecimiento que define a la persona misma, al propio "yo personal".

Y no podemos esperar que este proceso sea mágico, rápido, imperceptible, porque aquello que lo condujo al asilamiento, la disidencia, había andado muy hondo en su alma.

Su proceso de integración, con sus deberes, con la comunidad, con Dios, es demasiado importante para que pueda ser realizado de una vez y de una manera armónica.

Y además, por la falta de comprensión de su entorno, a los adultos les costó mucho aceptar su oposición y rebeldía, y cuando ya la habían aceptado como algo inevitable, también les cuesta admitir que el adolescente se esté reintegrando a través de la superación que lo conduce hacia su juventud.

Pero también será difícil para él, porque para hacerlo de una manera completa debe confesarse a sí mismo el fracaso de su soledad; le cuesta sobre todo, porque deberá de confesar el fracaso de su persona ante los demás, y vencer su orgullo para abandonar su autismo y reingresar al lugar de donde huyó.

Afortunadamente, sentirán cada día de una manera más clara la necesidad de su retorno para proseguir su camino. Sus ansias de ser, su afán de saber, su anhelo de ofrecer lo empujará a través de tormentas, al final llegará el Océano Pacífico de su juventud.

Bibliografía

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