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SEGUNDA PARTE

Un contraste entre la filosofía de Hegel y la de Kierkegaard

Por: Bertha Patricia Del Toro Sánchez y José Jorge Padrón Muñoz

 

El tratado de la desesperación de Kierkergaard

Primer libro. La enfermedad mortal de la desesperación

En este libro, habla sobre la desesperación como una enfermedad mortal, pero a la vez como una consecuencia del estado del yo con respecto de si mismo, como una posibilidad de redimirse del pecado y como la necesidad de estar en contacto con su esencia misma y el encuentro con Dios.

En este tratado observa a la desesperación como algo inmanente al ser humano y en consecuencia con su yo interior; sin embargo, se encuentra en perpetua lucha por evadirse de esa desesperación, creyendo que con esto encontrará la paz tan anhelada, sin poder reconocer que esta misma desesperación se torna en una constante de sus actos y decisiones, al convertirse en la enfermedad mortal, que según Sören, siempre prevalecerá en la esencia del ser humano.

Kierkegaard, pareciera no desprenderse de toda la angustia que emana de él, y que su espíritu acepta, pero a la vez rechaza, como algo de lo que no puede disponer para ser quien quiere llegar a convertirse, y se somete a que ésta condición es la mejor para vivir de manera correcta, de acuerdo a sus principios cristianos.

Kierkegaard tiene un concepto distinto sobre la muerte; es decir, para él no significa que el fin de una enfermedad mortal sea morir propiamente, sino que para el cristiano la muerte es pasar a la vida eterna.

Sören afirma, que en la enfermedad mortal, la desesperación consiste en estar en agonía constante, sin poder morir, así estar enfermo de muerte; es no poder morir. Así que, quien está desesperado, está por tanto, muriendo lentamente.

Sören percibe a la desesperanza como la ausencia de la última esperanza, que es la falta de muerte, la desesperación es en todo caso, la desesperación de poder incluso morir, esta sería entonces la enfermedad mortal de la que Kierkegaard nos habla. Para morir de desesperanza, como de la enfermedad, lo que existe en nosotros, en el yo, debería morir, como el cuerpo muere ante la enfermedad, en la desesperación. Morir se convierte continuamente en vida.

Refiere que quien se desespera, no puede morir, en virtud de que la desesperación no puede matar los pensamientos ni destruir al propio yo, ya que, es su propio soporte. La destrucción de sí mismo, es impotente pues no llega a su fin, y esta impotencia es una segunda forma de destrucción de sí misma, en la que la desesperación, no logra su finalidad por segunda ocasión, la destrucción del yo, para convertirse en una acumulación del ser o la ley, misma de esa acumulación, convirtiéndose esto en un círculo vicioso acumulativo de desesperación.

Según Sören, el hombre desespera de sí mismo, al desesperarse de algo, pretendiendo despojarse del yo, poniéndonos como ejemplo a un hombre, cuya pretensión es llegar a ser césar, y el cual dice, “ser césar o nada”

Los seres ambiciosos que desean tener poder, cuando no lo tienen desesperan por no tenerlo. Ahora bien, hablando en otro sentido, también el ser humano se desespera, además, por no dejar de ser él mismo; desespera por su yo, que no logró su objetivo, ese mismo yo, que hubiese sido su alegría, (no menos desesperada, según Sören), se convierte en más insoportable que cualquier otra cosa.

Lo insoportable para este hombre, ya no reside en si tiene poder o no lo tiene, sino en que no ha podido liberarse de su actual yo, y al no poder consolarse, su esencia no cambia su desesperación, pues además ya no posee su yo, ha dejado de ser el mismo. Sin embargo, no habría llegado a serlo, sigue siendo el mismo, pero al tener poder, se habría librado de su yo, y como no lo logra desespera y no encuentra la paz, estado superficial de un desesperado, por pensar que pudo ser, y no es, convirtiéndose esto en un castigo por no lograrlo, siendo además incapaz de serlo porque la desesperación se volvió indestructible en el yo. Y al hombre no le interesa el yo, separado del ansiado poder.

Para Kierkegaard, desesperar no es la verdadera desesperación, es tan sólo su principio, desesperar de sí mismo, deshacerse del yo es la fórmula de la desesperación, y la segunda, es desesperar por querer ser uno mismo, reduciéndose a ella, como hemos reducido la desesperación en donde se requiere ser uno mismo, y a la vez se rechaza serlo, convirtiéndose en una contradicción ese yo que quiere ser desesperadamente, es un yo que no se es, lo que desea es separar su otro yo de su autor, pero a pesar de que desespera, no lo logra por ser el más fuerte, y le obliga a ser el yo que no quiere, sin embargo al serlo, desea desesperadamente desprenderse de sí mismo, para llegar a ser un yo de su propia invención.

Aquí Sören ratifica de manera muy clara que el objetivo del hombre, en su condición de ser, no puede dejar de ser, aunque desee hacerlo, pues todo retorna a un estado de angustia constante, pues el hombre en su naturaleza, siempre vivirá desesperado y angustiado por que su tendencia es tratar de sacudirse a su yo anterior al que es, desesperándose aún más por no ser quien es, y por ser quien no quiere ser.

Kierkegaard, percibe a la desesperación de diferentes formas; el yo que se niega a reconocer que tiene un yo, el yo que se desespera por ser otro yo, el yo que no puede dejar de ser ese yo, y el yo que no se rechaza si no se tiene lo anhelado.

La Universalidad de la desesperación

En éste libro, Sören afirma que así como no hay persona totalmente sana; asimismo, no existe hombre libre de la desesperación, del temor a lo desconocido, y a lo que teme conocer, y afirma que no se puede vivir ni dentro ni fuera de la cristiandad sin estar desesperado. Esto para Kierkegaard, parecería como un absurdo, y así lo afirma, pero no lo es, pues esta idea trata de desear lo que se deja en la penumbra, y que lejos de derrocarle, le enaltece.

Dice también, que la concepción común de la desesperación, es solo una apariencia e idea superficial, y no una concepción. Sören pensaba que las personas pueden llegar a equivocarse al establecer si se está o no desesperado, pues no estarlo equivale a que sí se está desesperado, ya que en la misma serenidad, puede ser el resultado de la desesperación de no estar desesperado, y al igual al pensar que se ha conseguido la paz.

La ausencia de desesperación, no equivale a la ausencia de un mal, así como no estar enfermo nunca indica que se lo está, en tanto que no estar desesperado puede ser síntoma de la desesperación. En la enfermedad, Kierkegaard nos expone, que el malestar se origina en la misma enfermedad, y que sin ninguna relación, el malestar mismo es un razonamiento, y no haberlo experimentado es la causa de la misma desesperación.

En este libro expone que el hombre no deja jamás su estado crítico, porque la desesperación siempre es considerada como parte espiritual. Sören preguntaba, ¿por qué se habla de crisis en la enfermedad, y no en la salud? Y su respuesta era que, en la salud se permanece en lo inmediato, sin existir la categoría dialéctica, que tan solo se presenta durante la enfermedad, en tanto que en lo espiritual, la enfermedad y la salud son críticas, y no existe la salud inmediata en el espíritu.

Tercer libro. Personificaciones de la desesperación

En las diversas personificaciones de la desesperación se puede observar que el yo se compone de dos elementos: finito e infinito, asimismo, de libertad que se bifurca en dialéctica de los posible y dialéctica de lo necesario. Sólo se debería llamar desesperado a quien tenga la conciencia de serlo. Cuan mayor sea la conciencia, más crece el yo y con él, la voluntad y entre más voluntad, más yo existe y por tanto mayor conciencia de sí mismo. El yo es una síntesis de finito que limita y de infinito que imita. La desesperación que se pierde en lo infinito es algo irreal. La imaginación es la reflexión que crea el infinito. Y el hombre entre más imagina, más se aleja de su yo. Sin embargo, cuando la voluntad cae en lo imaginario, el yo se pierde. La orientación hacia Dios, llena al yo de infinito, pero si la voluntad cae en lo imaginario, esto devora al yo, arrastrándolo al vacío.

Cuando se carece de infinito produce una disminución y limita de forma desesperada. La falta de crecimiento espiritual lleva a la desesperación. Cuando el ser humano se sumerge demasiado en el mundo, entonces se olvida de su propio yo, de su nombre divino y pierde la fe en sí mismo y con ello su individualidad, perdiéndose entre los demás. Esto anterior se refleja como un ser popular que es bien recibido por todos y del cual cuesta trabajo percibir su propia gran desesperación.

Es mejor hablar que callar, porque el que calla se sumerge en un monólogo. Por otro lado, es conveniente arriesgar pues si no arriesgo no pierdo, y si arriesgo, pierdo y al pedir ayuda a la vida, ésta me la brinda y si no me arriesgo me privo de esta ayuda. En virtud de lo anterior, se describe la desesperación de la finitud. Los hombres famosos y que han pasado a la historia no han sido ellos mismos realmente, pues han perdido su yo. Asimismo, lo posible contiene todas las posibilidades y como consecuencia, todas las corrupciones, pero principalmente dos: la melancolía y la angustia.

Cuarto libro. La desesperación es el pecado

Kiekergaard se basa en la filosofía socrática para escribir este libro. Refiere que el pecado es desafío o debilidad llevados a la máxima potencia, es una condensación de la desesperación; porque cuando se peca, no se quiere ser uno mismo o se quiere ser uno mismo. El desesperado quiere estar con Dios, pero no quiere ser él mismo. Al estar conscientes de estar ante Dios, nuestro yo se convierte en un yo infinito, quien es finalmente el que peca contra Dios. El pecado del pagano se traduce a la ignorancia de estar ante Dios y así, al ignorar esto el pagano, no peca contra Dios, porque no ha estado ante Él. Los pecados de la carne son la manifestación de la necedad más grande del yo. El pecado no es el trastorno de la carne, sino la aprobación del espíritu a ese desarreglo.

Por otro lado, dice Sören que lo contrario del pecado no se considera de ninguna manera una virtud. Lo contrario del pecado es la fe. Asimismo, en la medida en que más imaginación y pasión tenga una persona, más se aproximará a tener un sentido de la fe.

Respecto a la envidia, Kierkegaard la refería como la admiración que se disimula; la admiración es un feliz abandono de uno mismo, mientras que la envidia es un requerimiento del yo. Pecar equivale a la ignorancia o a la estupidez. Haciendo referencia de lo que Sócrates argüía, Sören afirmaba: “El hombre que hace lo justo no peca, pues, a pesar de todo; y si no lo hace, es a causa de no haberlo comprendido; la verdadera comprensión de lo justo le empujaría rápidamente a hacerlo y más bien sería el eco de su comprensión: ergo, pecar es ignorar” así pues, se puede percibir que para Kiekergaard, el pecador era sólo un ignorante.

El pecado yace en la voluntad y no en el conocimiento, de tal manera que si se corrompe la voluntad, arrastra consigo al conocimiento. Por último este filósofo concluye en este libro diciendo que “el pecado es, en presencia de Dios, la desesperación en la cual no se quiere ser uno mismo o la desesperación en la que se quiere serlo”

Quinto libro. La continuación del pecado

En este libro, Sören Kierkegaard nos dice que la forma normal o constante del pecado es otro pecado más, y que al permanecer en el pecado es renovarlo, es pecar, y que en la eternidad se registra el estado que se queda en el pecado. Lo que no proviene de la fe es pecado, también sería otro pecado, la falta de arrepentimiento después de cada pecado, y también es un nuevo pecado, cada momento en que se continúa en ese pecado sin arrepentimiento.

Para Kierkegaard, el hombre no existe un poco como espíritu, más de una hora por semana, siendo la continuidad la esencia de la eternidad, y exhorta al hombre a que crea y que adquiera conciencia.

El pecado de desesperar de su pecado.

En este libro, Kierkegaard manifiesta que el pecado equivale a la desesperación, misma que se ve incrementada en cuanto a intensidad de dicho pecado, convirtiéndose esta sensación en un nuevo pecado, y no solo habla de pecados confinados: la condición de continuidad del pecado es el pecado mismo, desesperar del pecado, es recluirse para mantenerse en el, negándose a tener cualquier trato con el bien, temiendo haber roto todos las posibilidades, resistiéndose por completo al bien. Sören nos da a entender que un pecar se equipara a apartarse del bien, empero, si se llega a desesperar por esto, entonces surge un nuevo pecado derivado del primero.

El pecado de desesperar en cuanto a la remisión de los pecados (el escándalo)

Respecto al escándalo, Kierkegaard nos dice que la conciencia del yo, adquiere mayor vigor por el conocimiento de Cristo, al estar el yo en su presencia, después del hombre ignorando su yo eterno, y luego del hombre, consciente de un yo con rasgos eternos, reduciendo al yo lleno de una idea humana de sí mismo, y tolerando su decreto, a esto se opone el yo, base de la definición del pecado, acostumbrado a la desesperación en la que no se quiere ser uno mismo; sin embargo, sucediendo lo contrario, negándose a ser un pecador, y valiéndose de ello y dejar atrás la indulgencia de los pecados, desafiando con la desesperación, con la que se desea ser yo mismo. Al querer por desesperación ser uno mismo, se muestra debilidad, deseando ser pecador, hasta llegar a la situación en que ya no exista el perdón.

Menciona Sören, que nunca el hombre es tan familiar con Dios como cuando se mantiene alejado de él, y que no se puede serlo tampoco en relación a Dios, más que alejándose de él, existiendo un desorden en el terreno religioso, desde que se suprimieron las relaciones del hombre con Dios, el pecado de desesperar de la remisión de los pecados es el escándalo, único regulador de los pecados.

El escándalo lleva al pecado a un grado superior, donde se lo olvida, por no tomar en cuenta al escándalo como si fuera un pecado y, en su lugar, hablan de pecados en donde no hay lugar para él, y tampoco, enalteciendo el pecado, porque no es opuesto.

El abandono positivo del cristianismo, el pecado de negarlo.

Para Kierkegaard, es éste el pecado que atenta contra el Espíritu Santo, elevando al yo a un máximo grado de desesperación, renegándose del cristianismo, como si se tratara de una fábula o mentira, convirtiendo todo en una guerra entre el hombre y Dios, cambiando de tácticas constantemente, en la cual el pecado es desesperación inicialmente, y se lucha para evadirle, después desesperándose del propio pecado.

Sören afirma, que aunque la persona se allane cada vez más en sí mismo, si se desespera del perdón de los pecados, equivale a una manera de actuar que Dios verá con buenos ojos.

Polémica entre Hegel y Kierkegaard

La escala moral de Kierkegaard, podría parecer muy alta, ya que, debido a su religiosidad, es perfectamente comprensible que la serie de eventualidades en su vida, le llevasen a desarrollar su filosofía existencialista, y a considerar vehementemente que la relación del hombre con respecto a Dios, es desde un punto de vista espiritual, y no material como refiere Hegel.

Esta discrepancia de ideas, concerniente al materialismo y al existencialismo, son las bases que llevaron a Sören a una lucha a favor de los principios cristianos, los cuales fueron comprometidos con la filosofía Hegeliana, por la iglesia de Lutero en esa época. Su periodo de exacerbación, llegó a su límite, al confrontarse directamente con algunos de los principales directrices de la Iglesia Protestante.

Kierkegaard, con conspicua inteligencia, y sus pensamientos abiertos a la diversidad de situaciones, suscitadas durante los encuentros entre estas dos filosofías, fortifica sus principios, y a la vez nos deja un legado importante, determinando permanentemente la historia de la Filosofía, en su tiempo, y aún a la fecha, existen fuertes propensiones, siguiendo tradicionalmente sus teorías, defendiéndolas como verdades absolutas, y rechazando las posibilidades de la filosofía Hegeliana.

Aunque Hegel nunca fue maestro directo de Kierkegaard, este último aprendió su filosofía cuando estudió en la Universidad; sin embargo la forma ó interpretación de ésta ontología, no convencieron a Sóren, quien motivado por su religiosidad, comenzó en sus introspecciones, a incorporarse con su yo interior, y a desarrollar su propio pensamiento filosófico, dejándonos en cada una de sus obras y escritos, su propia historia, con cada letra, en cada oración y frase, se puede percibir de manera intrínseca, la narración de su propia realidad.

En la filosofía Kierkergiana, se aprecia todo el sentimiento de zozobra que oprime al autor, y que lo lleva a tomar decisiones que le mantienen al margen de sus seres más queridos, continuando con su proyecto, y sacrificando sus sentimientos, para dar paso a sus pensamientos, que de alguna forma, reeducan a algunas generaciones que hoy en día, interpretan y siguen con fervor su filosofía. Sus memorias han quedado plasmadas permanentemente en sus escritos, dejándonos un importante aporte a la filosofía actual.
Hegel por su parte, siempre mantuvo su idealismo materialista, al grado que su filosofía fue acogida por los altos ministros de la Iglesia Protestante, imponiéndole ante algunas de las características espirituales que conformaba dicha religión, y que adaptó a sus ideales los nuevos principios aportados por el filósofo.

Georg Hegel, no tuvo oportunidad de defender sus teorías ante Kierkegaard, ya que cuando Sóren tenía dieciocho años, el filósofo Alemán falleció, así pues, lo que Kierkegaard pudo conocer de su filosofía, fue transmitido por otros filósofos, y sus maestros en la Universidad. Si Hegel hubiera vivido, cuando Sören estaba cimentando su pensamiento e ideas filosóficas, lo más probable, es que ambos hubiesen enriquecido aún más sus teorías, y el curso y la historia filosófica serían tal vez un tanto diferentes.

Conclusiones

Si tomamos en cuenta que ambos filósofos fueron influidos por la religión luterana, se podrá comprender mejor sus posturas. Marcaron permanentemente las disyuntivas de la filosofía actual, trayendo tras de sí nuevas corrientes e ideas era.

Las corrientes filosóficas de Hegel, y Kierkegaard, se contraponen en muchos aspectos, pero al estudiarles detenidamente, también son coincidentes en otros. En sus obras, los dos plantean la presencia de trilogías, Hegel viéndola desde el materialismo, y Kierkegaard en la existencia del espíritu, así que la posibilidad de lograr una conjunción de las dos formas filosóficas, podrían haber sido posibles con la mayoría de esos puntos de coincidencia.

Por otra parte, al darnos cada uno su proposición filosófica, referida en sus respectivas obras, nos lleva a una disgregación de ideas, y a la reconsideración de ambas filosofías.

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