Génesis Educación

EL OBJETIVO COMO CATEGORÍA DIDÁCTICA
Punto de partida y premisa pedagógica que rige el proceso educativo

Por:
Herminia Ruvalcaba Flores

     


La categoría de objetivo destaca en el proceso enseñanza-aprendizaje, puesto que cumple con la importante función de determinar el tipo y nivel de asimilación del contenido, las metodologías de trabajo y las actividades de evaluación. Esta relación es lo que constituye la lógica interna del proceso educativo. Los objetivos, por lo tanto, guían y orientan la labor del docente al expresar los conocimientos, habilidades, hábitos, actitudes y valores que sistemáticamente deben lograse en los alumnos. El cumplimiento de los objetivos garantiza, en gran medida, la calidad de la enseñanza.
En el manejo y determinación de los objetivos se deben considerar los siguientes aspectos que son esenciales para su logro.

LA DERIVACIÓN GRADUAL DE LOS OBJETIVOS

Este aspecto expresa el carácter mediato e inmediato en el logro de los objetivos. Permite, también, reconocer que los objetivos constituyen un sistema rigurosamente articulado que se deriva de las necesidades sociales, culturales e institucionales.
Cuando se diseña una carrera, se establecen las características fundamentales que debe poseer el egresado de la misma, así como los aspectos de la personalidad más importantes a desarrollar en los planos: ético, estético, filosófico, profesional y físico, entre otros. Estas aspiraciones que pretende lograr la escuela o institución se concretan en los objetivos educativos, que caracterizan y distinguen a una carrera de otra y constituyen la guía que orienta el proceso de formación.
Existe una relación directa y sistemática entre los objetivos, por lo que podemos distinguir los siguientes tipos: generales, de carrera o curriculares; intermedios, por año o áreas del saber; de programa; particulares, de temas o unidades, y específicos, de clase.

A partir de las finalidades educativas, se determinan los de carrera. De los curriculares se derivan los de cada grado, asignatura y unidad. Estos se expresan en los programas y su estudio cuidadoso, unido al de otros elementos curriculares, posibilitan al maestro la derivación de los objetivos de clase, que es su tarea principal. Esta actividad no se puede limitar a copiar mecánicamente los objetivos que aparecen en los programas, por el contrario, es necesario que el maestro analice cuidadosamente la relación vertical y horizontal de este elemento rector y, sobre esta base determinar los objetivos específicos de la clase y considerar los aspectos esenciales de la materia objeto de estudio.
En la planeación didáctica del profesor se realiza una constante derivación del subsistema de objetivos que abarcan inclusive los que se deben lograr en cada una de las actividades que de ellos se desprenden. La derivación gradual de los objetivos no se puede entender como la descomposición de estas acciones aisladas, por el contrario, cada uno de los objetivos que surjan como producto de esta derivación, tiene que ser considerado como un elemento del sistema rigurosamente articulado que constituyen los objetivos de la educación.
Por ejemplo, pensemos en un objetivo terminal del nivel del bachillerato: "Lograr el desarrollo de la competencia comunicativa de los estudiantes para enriquecer su comportamiento social y su aprendizaje", éste es un objetivo con un nivel de generalidad muy amplio, que implica el desarrollo de la habilidad para leer, escribir, hablar y escuchar en cualquiera de los contextos, difícil de evaluar en sí mismo, por lo que se requiere de los objetivos intermedios. Siguiendo el ejemplo, un objetivo intermedio que apoyaría su logro sería el siguiente: "Lograr el dominio de las estrategias de comprensión lectora, de manera que puedan comprender diferentes tipos de textos". Este sería un objetivo que atendería sólo una de la habilidades comprendidas en el general, que sería la lectura, además es un objetivo que se debe desarrollar de forma interdisciplinaria. Un objetivo de unidad que apoyaría el anterior podría ser: "Analizar textos poéticos, y valorar el lenguaje utilizado y los recursos literarios". Este objetivo de unidad, contenido en el programa de una asignatura, apoyaría al intermedio sólo en el tipo de textos literarios, pero deberían enunciarse otros que apoyen a los textos informativos, por ejemplo.
Por último, el objetivo específico, que ayudaría a lograr el particular, podría estar enunciado de la siguiente manera: "Analizar en clase el poema " X " destacando las metáforas, las características de la rima y las imágenes poéticas utilizadas por el autor". Al docente le corresponde trabajar los objetivos de unidad y de clase, pero para hacerlo, es necesario que establezca las relaciones que implica la derivación gradual de objetivos.
La derivación gradual y sistemática de los objetivos no garantiza, necesariamente, el logro de los mismos. Hay objetivos que se logran a través de la relación interdisciplinaria, como son las relacionados con el desarrollo de actitudes y valores, con la formación filosófica, el dominio del lenguaje, tanto oral como escrito y la habilidad de escuchar, así como el manejo de la lengua extranjera, el dibujo, etc. Otros hay que verlos de manera integral en los resultados del trabajo científico del estudiante, la práctica profesional y el servicio social.
La concepción del objetivo tiene que estar bien definida por parte del docente, así como la consideración de que forman un sistema articulado y esta sistematicidad debe reflejarse perfectamente en el planeamiento didáctico que realiza el profesor.

El hecho de que el docente posea un dominio del objetivo implica el conocimiento de las relaciones entre ellos, sus características, los elementos que poseen y el nivel de asimilación del contenido que manifiestan.
Todos los docentes deberían hacer un análisis reflexivo acerca de lo que una clase, en particular, diseñada a partir del objetivo, aportará a la formación del sistema de conocimientos, capacidades, habilidades, hábitos, actitudes y valores orientados a la formación integral de estudiante, en cada grado o nivel educativo. Es importante mencionar que el cumplimiento de los objetivos propuestos constituye el criterio fundamental para lograr las finalidades educativas.

ELEMENTOS QUE INTEGRAN LA ESTRUCTURA INTERNA DE LOS OBJETIVOS

Tradicionalmente se ha expuesto que la adquisición de conocimientos y el desarrollo de habilidades pertenece propiamente a la labor de la enseñanza, mientras que la formación de actitudes y valores se refiere a la tarea educativa. Por lo mismo, en ocasiones se dejaba de lado la parte educativa, porque el profesor no identificaba este contenido en los objetivos.
Actualmente se está haciendo mucho énfasis en la estructura interna del objetivo al hacer la planeación didáctica, pues en ésta se identifican como elementos los conocimientos, las habilidades, las actitudes y los valores, que manifiestan el objetivo para que el docente desarrolle lo propuesto en ellos. Por ejemplo, si en un objetivo particular se enuncia que el alumno analice textos poéticos y valore el lenguaje utilizado y los recursos literarios, el docente debe identificar que en este enunciado este presente una habilidad y un valor y sobre estos aspectos debe trabajar y no pensar en la sola trasmisión de un contenido que sería, en este caso, explicar qué es un texto poético y cuáles son sus características, sino que el alumno debe desarrollar la habilidad para hacer análisis literario y además fomentar una actitud positiva de querer hacerlo, porque reconoce la importancia que tiene en su formación.

 

La interrelación que se da entre los componentes internos de los objetivos: conocimientos, habilidades, hábitos, actitudes y valores, hace que sean concebidas como elementos de un sistema. Es muy importante que el profesor comprenda este carácter de sistema, porque en el desarrollo personal y profesional del hombre estos elementos están vinculados de la misma manera, de ahí la importancia de que en la acción pedogógica mantengan esta particularidad.
Conocimientos.- Desde el punto de vista pedagógico, el proceso de adquisición de conocimientos (leyes , principios, hechos y conceptos) necesita de una dirección, es decir, de la guía del maestro, a partir del objetivo, para que los alumnos, asimilen de manera consciente los conocimientos científicos, objeto de estudio de la disciplina en cuestión.

Las habilidades.- Son un componente esencial en la actividad educativa. Constituyen un factor importante en la realización exitosa de las distintas tareas escolares. El profesor debe tener siempre presente que determinar un objetivo en término de desarrollo de habilidades, implica la necesidad de especificar el tipo de actividad para la cual el estudiante se está preparando.
Se considera que un alumno posee cierta habilidad cuando puede, a partir de los datos, conocimientos; conceptos, etc. que se tiene, operar con ellos en la resolución de problemas y determinadas tareas tanto teóricas como prácticas. Por ejemplo, al hablar de que un alumno posee la capacidad para resolver un problema matemático, se hace referencia a que él puede ante todo, establecer el tipo de problema que debe solucionar, las relaciones cuantitativas implicadas, las condiciones del problema, los datos presentados, y lo que es necesario encontrar, así como elegir el proceso de solución y proceder a solucionarlo. Existen habilidades menos complejas, como sería, el resolver un ejercicio matemático.
La presencia de la habilidad sólo puede desarrollarse en el propio proceso de realización de la actividad, es imposible saber si un estudiante posee la capacidad para resumir, si durante las clases no se le solicita esta actividad, para verificar el desarrollo del proceso. El profesor debe ser muy cuidadoso al diseñar los objetivo o al manejarlos en el planeamiento didáctico, pues cada uno manifiesta un conocimiento que se debe transmitir, una habilidad que se debe desarrollar o un valor que se debe fomentar.
Las actitudes y los valores.- La formación de actitudes y valores en los alumnos, es y ha sido una de las tareas más importantes, de la escuela y de la labor educativa, de ahí que el docente no puede dejar de considerar en la determinación de los objetivos la dirección pedagógica de este proceso. En la actitud se expresa la integración de los aspectos emocionales, intelectuales y experienciales del individuo.
El proceso de formación de actitudes y valores es largo y el profesor debe considerar esta peculiaridad al evaluar los objetivos. No se puede esperar que en una clase, en una actividad o en un grupo de ellas, e inclusive, en una etapa determinada, el alumno desarrolle actitudes y valores. Se necesita, por el contrario, del trabajo conjunto y ordenado de todos los profesores, en el que una clase representa un elemento dentro del sistema de influencias educativos al respecto.
La formación valoral, de sentimientos, actitudes, cualidades del carácter, sistema de motivos, intereses, etc., queda bajo la responsabilidad del docente, a partir de la enseñanza, como una labor educativa determinada a partir del objetivo.


EL CARÁCTER SISTÉMICO Y MULTILATERAL DEL OBJETIVO


En la elaboración y cumplimiento de los objetivos particulares y específicos de la unidad didáctica o de la clase, el docente tiene que considerar su carácter sistémico y multilateral. El conjunto de clases de una unidad, curso o semestre, debe constituir un todo armónico desde el punto de vista del objetivo, del contenido y de las metodologías que se apliquen. Los cambios que se den en la actividad cognitiva del estudiante no obedecen al trabajo de una sola asignatura, sino al resultado de la actividad continua de todas las materias que comprenden un ciclo o proceso de formación. El logro de los objetivos de una asignatura trasciende los límites de ella y contribuye al logro de los otros. Por ejemplo, los avances de los alumnos en el desarrollo de las habilidades del lenguaje influyen, decisivamente en el rendimiento académico de otras materias, el alumno que lee y escribe con eficiencia, tiene garantizado, en gran medida, el éxito en el aprendizaje del resto de las asignaturas, puesto que estas habilidades ayudan en la solución de tareas más complejas y variadas.
El docente, por lo tanto, durante la determinación de los objetivos de la clase, debe hacer un cuidadoso análisis de las condiciones previas que posee el alumno, no sólo en su asignatura, sino en aquellas que se relacionan con la suya. Es preciso, también, que el maestro tenga pleno dominio del contenido y amplios conocimientos de las leyes pedagógicas que rigen el proceso enseñanza-aprendizaje. Esto es, el sistema de conceptos, leyes, principios, teorías propias de la disciplina objeto de estudio y de las metodologías de trabajos propias para la unidad, curso, semestre o grado que se curse, sólo así podrá considerar en su trabajo docente el carácter multilateral de los objetivos.
Al docente le corresponde la tarea educativa del estudiante y para lograrla, debe considerar, a partir de la determinación de los objetivos, qué contenido debe transmitir, el nivel de asimilación de los mismos, qué habilidades y hábitos se deben desarrollar de acuerdo con el nivel educativo o la profesión para la cual se preparan, cuáles son las actitudes y los valores que se deben fomentar, de acuerdo con las finalidades educativas de la institución. Todo esto es a través del trabajo conjunto, armónico, y sistemático de todas las asignaturas que integran la etapa de formación, teniendo como punto de partida el objetivo.

 

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Fuente: Revista Academia, Año IV, Número 31

 

 
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