La verdadera obediencia.
Parábola de los dos hijos.

 

 

 

25 Domingo Ordinario

28 de septiembre 2008

 

 

 

Ev, S.S.MT, XXI 28-32 

 

 

 “¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; se acercó al primero y le dijo: “Hijo, vete a trabajar hoy a la viña. Y él respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al otro hijo y le dijo lo mismo, y éste respondió: “Voy, Señor”. Pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?” Le contestaron: “El primero”. Jesús dijo: “En verdad os digo  que los publicanos y las meretrices irán antes que vosotros al Reino de Dios.”

 

“Porque Juan ha venido a vosotros por el camino de la justicia, y no habéis creído en él, mientras que los publicanos y las meretrices han creído en él. Pero vosotros, aún viendo esto, no os habéis  arrepentido ni creído en él.”

 

 


EXPLICACIÓN:

 

 

El significado de esta parábola es muy claro.

Los líderes judíos habían dicho que si obedecerían a Dios, pero cuando vino el Hijo de Dios no le obedecieron. En cambio los publicanos y las prostitutas si, aunque en su vida habían desobedecido a Dios, movidos por la predicación de Jesús, se arrepintieron y lo siguieron.

 

 


Ninguno de los dos grupos es perfecto.

 

·       El primero empieza bien y termina mal.

·       El segundo empieza mal y termina muy bien.

·       Lo ideal sería obedecer desde el principio hasta el final.

·       El primer grupo es de aquellos cuyas palabras son mejores que sus acciones. De estas gentes se puede decir: “Ojalá sus actuaciones estuvieran de acuerdo con sus declaraciones” Cuando se conoce a alguien así o cuando así nos comportamos  nos pueden decir” No puedo escuchar lo bueno que me dices por el ruido que hace lo malo que haces”.

·       El segundo grupo es el de los que sus acciones y sus sentimientos son mejores de lo que aparentan o de lo que dicen, pero sus deseos de conversión son muy grandes.

·       En el Evangelio tenemos grandes ejemplos como María Magdalena y Zaqueo así que de estas personas se puede esperar mucho.*Todos tenemos nuestro Juan Bautista, personas de buena fe que nos invitan a cambiar de vida, pero muchas veces predican en el desierto  porque no les hacemos caso.

·       Algunos tienen hermosas teorías pero no las practican.

·       Otros saben que están mal, pero no enderezan su vida como si  no se fuera a acabar nunca, cosa muy peligrosa porque en la confianza de que habrá tiempo se puede perder el alma.

·       El humilde acepta la predicación y se convierte.

·       El orgulloso sigue creyendo en su propia bondad y se pierde.

·       Nadie es tan débil como el que cree ser fuerte.

·       Nadie es tan fuerte como el que se reconoce débil y pone su confianza en Dios.

 

 

 

 

Conclusiones:

 

También nosotros muchas veces decimos SI a Dios de palabras, pero de obras le decimos NO.

 

La conversión es necesaria para que si hasta ahora nuestra vida ha sido un No por los hechos comencemos a hacer su  voluntad.

 

Judas empezó diciendo SI con sus palabras y terminó diciendo NO con sus acciones. Zaqueo, Magdalena y Dimas comenzaron  muy mal y terminaron convertidos ganando el cielo. Los sacerdotes, escribas y fariseos se habían propuesto decir SI a Dios y terminaron diciendo No a Cristo. Los publicanos le habían dicho NO a Dios  con su mala conducta y al convertirse por la predicación terminaron diciendo un Si que les valió la eternidad.

 

¿Seremos nosotros como el primer hijo: religiosos, piadosos aparentemente, pero ruines, envidiosos, calumniadores, injustos en la práctica? O ¿Somos de los que  sabiendo que nuestra vida no está bien porque cometemos muchos pecados,  no queremos escuchar y seguir la predicación de Jesús? El Señor siempre nos da oportunidad de arrepentirnos para obtener su misericordia pero debemos aprovechar mientras haya tiempo para ir a la viña a recoger el fruto de la salvación por amor a Cristo y por nuestra propia felicidad.

 

 

Ma. De Lourdes Rodríguez Cruz.