LA SEMILLA QUE CRECE SOLA.

 

Evangelio Según San Marcos IV, 26 - 34 11° domingo ordinario.

14 de junio 09.

Les decía también: “El Reino de Dios es como un hombre que echa una semilla en la tierra. El hombre duerme y despierta, se hace noche y se hace día y la semilla, sin que él sepa cómo, germina y crece. La tierra por sí misma da el fruto; primero la hierba, luego la espiga, después el trigo gordo en la espiga. Y cuando el fruto está maduro, el hombre echa la hoz, porque la mies está en sazón”.

LA SEMILLA DE MOSTAZA. Les decía así mismo: “¿Con quién compararemos al Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que cuando se siembra es la más pequeña de las semillas de la tierra, pero una vez sembrada, crece y se hace la más grande entre todos los vegetales y echa ramas tan grandes que a su sombra pueden descansar las aves del cielo”.

Con muchas parábolas por el estilo les exponía la doctrina según ellos podían comprenderla; y no les hablaba sin parábolas; a sus discípulos se las explicaba a solas.

 

EXPLICACIÓN:  

Este Evangelio, es una descripción detallada de lo que ocurre a una semilla, para indicarnos que el Reino de Dios no viene prefabricado del cielo, se va haciendo en la tierra, poquito a poco pero sin dejar de crecer día con día.
  • Significa que se acepte la voluntad de Dios y se esfuerce uno por conocer a Cristo amarlo y servirlo para ir consiguiendo la felicidad eterna.

  • Es Jesús el Divino sembrador quien produce el querer y el obrar, dice San Pablo.

  • El crecimiento será invisible pero siempre continuo.

  • También es el crecimiento del Reino de Dios en la tierra no se ve ni se oye pero no deja de producirse.

  • Un día vendrá la cosecha y el buen grano será llevado al cielo.

  • En el reino de Dios siempre aparecen nuevos tallos, nuevas espigas por los efectos acumulados de los pequeños o grandes esfuerzos de Evangelización.

  • La Semilla de Mostaza nos habla de cómo se extiende el Reino de Dios por su voluntad. Todo se inició con un humilde Nazareno y 12 pescadores extraídos de lo más pobre y sencillo del pueblo.

  • Brotó en el Calvario y ya en el día de Pentecostés eran 3000 personas, comienzan las persecuciones y con ellas el crecimiento de la Iglesia, hasta llegar a la actualidad en donde se sigue persiguiendo en forma persistente, sutil a veces y otras no sólo no tanto, sino con una saña cruel, aunque se hable de “respeto por las creencias”, la única que no se respeta es la Iglesia de Jesucristo Nuestro Señor. Y sin embargo crece y se sostiene como el árbol de Mostaza.

  • Las Aves del cielo que pueden descansar en las ramas del árbol. Son las almas de todos los continentes, de todas las razas que encuentran refugio en la Iglesia.

El grano de mostaza es el símbolo de lo más pequeñito que se conocía, son los principios humildes aparentemente inútiles y muchas veces despreciados de las obras de evangelización y apostolado, de poco en poco se forma un mucho, lo importante es que cada sembrador haga su trabajo, con claridad, con amor, con entusiasmo, con perseverancia y sobre todo con la confianza en que Nuestro Señor hará crecer la semillita y en su nombre, se obtendrán resultados sorprendentes. No cuando el hombre quiere, sino cuando Dios lo dispone.

  • Los que trabajan en la Evangelización, que debíamos ser todos, deben conocer la importancia de vivir estrechamente unidos a Jesús para que el trabajo sea fecundo. Deben saber acomodarse al nivel de las personas con una sencilla pero bien cuidada explicación para que todo sea comprendido y se pueda asimilar, guardar y reflexionar.

  • Existen dos peligros que acechan al catequista o predicador:

    1.- El exhibicionismo.- Cuando se busca que todos admiren sus conocimientos y la brillantez de la exposición. Es posible que en aras del lucimiento su ciencia se vuelva obscura, ininteligible, tan elevada que nadie los comprenda y lo peor del caso que nadie se atreva a preguntar. El buen evangelizador ama la doctrina y el bien de los oyentes, expone con el único fin de servir a Dios y al prójimo.

    2.-Tratar de enseñar sin saber si fue comprendido o no lo que explicó. Jesús dedicó tiempo y energía para enseñar a los rudos discípulos, utilizaba parábolas como las leídas hoy, para que sus oyentes, por medio de sencillas comparaciones comprendieran la profundidad de su mensaje, repetía, de diferentes maneras porque quería que no solamente practicaran lo enseñado sino que fueran maestros de nuevos alumnos que ayudaran al crecimiento de su Iglesia.

    Todos los cristianos estamos obligados a transmitir el mensaje divino, es nuestro compromiso como bautizados sin desanimarnos por no ver los resultados y pensar que todo fue inútil porque como dice el Evangelio: “Se hace noche y se hace día y la semilla sin que él sepa como, germina y crece y producirá fruto.” Porque así es el Reino de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía: Los Santos Evangelios .Trad. Dr. Evaristo Martín Nieto.
El Evangelio Explicado. P. Eliécer Sálesman.
Los Cuatro Evangelios. Santos González de Carrea. Capuchino.
Ma. de Lourdes Rodríguez Cruz.